Personajes

El último trago de aguardiente en 'Pepillo'

Fotografía colgada en el bar donde aparece Pepe en sus inicios. /IDEAL
Fotografía colgada en el bar donde aparece Pepe en sus inicios. / IDEAL

IDEAL habló con José Antonio Martín Vela sobre los inicios del negocio y el paso de los años analizados tras la barra del Aguardentero

M.NIETOAlcalá la Real

Hace una semana que Pepillo el Aguardentero, uno de los locales con más solera de la localidad, cerraba sus puertas para siempre. Al menos bajo la dirección de José Antonio Martín Vela. Podrían contarse por cientos los vecinos de la localidad que han disfrutado en la esquina de la Plaza del Ayuntamiento de tertulias en torno al aguardiente, la manzanilla o las guindas. Miles las anécdotas e historias que guardan las paredes de ese negocio familiar que iniciara su abuelo y que, por diversas circunstancias llegó a sus manos para convertirlo en uno de los espacios más destacados de la localidad con una identidad y vida propia.

IDEAL entrevistó a Pepe días después del cierre para conocer la historia del negocio, las que se han vivido dentro de él y cual será el futuro de este espacio que era referente en el casco histórico de la localidad para locales y visitantes.

Negocio familiar

Tres generaciones ligadas a esta actividad. Comenzó el abuelo de Pepe, que venía del pueblo granadino de Albondón y comenzó a trabajar con la familia de los Garnica en la Fuente del Rey donde tenían una pequeña fábrica de aguardientes. «Ellos eran los que distribuían a toda la comarca este producto y decide montar este negocio» comenzaba a relatar Pepe. El pequeño de tres hermanos, Pepe recuerda a su padre en el bar y cómo siempre ha estado ayudándole en el negocio. «Era muy laborioso, ten en cuenta que hacíamos conserva de cerezas; de pasas; cortábamos, secábamos, picábamos y realizábamos el jarabe de manzanilla por lo que, a pesar de ser un negocio pequeño era muy activo» recordaba haciendo memoria de la actividad que ha realizado durante más de cuarenta años.

El pasado viernes, 28 de junio, era el último día que Pepillo el Aguardentero abría sus puertas. Muchas de los allí presentes conocieron lo que era la segunda generación del negocio, y ésta última regentada por Pepe. Pero todos recuerdan la taberna como aquella que ofrecía las copas de aguardiente a primera hora de la mañana para los taxistas de entonces, o para aquellos que tenían su negocio y bajaban a Granada a cargar pescado o frutas. «Eran otros tiempos»- asentía con nostalgia Pepe. Y es que, también desde detrás de la barra, Pepe ha sido espectador del cambio surgido en la localidad a nivel arquitectónico, o de negocios pero también de los cambios sufridos por el consumidor.

Cambio de hábitos

Si tuviera que destacar algún producto en concreto, se queda con la manzanilla. Y es que el género también ha evolucionado mucho, al igual que el consumidor. «Antiguamente sólo encontrabas aguardiente seco, dulce, coñac y ron y a día de hoy la variedad es impresionante» argumentaba durante la conversación. Además, la sensibilización ante el consumo del alcohol es mayor ahora por lo que fue adaptando su oferta de productos sin perder la esencia y tradición que le acompañaba. Y es que, la localidad cuenta con una gran tradición en la elaboración de estos licores artesanales y son muchos los que se han acercado al negocio, a conocer cómo se realizan o a comprarselos al propio Pepe ya que, además del servicio de bar, él también ofrecía este producto a los consumidores.

También la tendencia en cuento a los espacios cambia. Y es que, cada vez son menos los negocios que se encuentran en el casco histórico y, aún en menor medida los que apuestan por este espacio para iniciar su actividad. Algo que preocupa tanto a los dirigentes políticos como a los propios habitantes del municipio. «Cuando se cierra un negocio sientes que algo tuyo se va con él» reconocía Pepe. Y no sólo le pasa con el suyo, sino también con otros locales.

Y es que, con este nuevo panorama se avecinan cambios, no sólo para sus clientes sino también para el mismo. Cambio de hábitos que pasan por dedicar más tiempo a su familia y a otras actividades ya que se considera una persona muy creativa. Y sus clientes, aquellos con los que se informaba, hablaba, sinceraba y servía, desde hace más de 40 años, también tendrán que hacerlo. «Me quedo con que el negocio y mi familia han prestado un servicio a la localidad» mencionaba durante la entrevista. Para algunos un hogar del que ahora quedan huérfanos pero que festejaron junto a él hace unos días. Porque la vida, y los bares, están para eso.