En las profundidades de la Sierra Sur

En las profundidades de la Sierra Sur
  • Pasan desapercibidas para la gran mayoría de la gente, pero ahí están: son las cuevas, grutas y simas existentes en la Sierra Sur. Son fruto de la acción erosionadora del agua sobre las rocas calcáreas a lo largo de milenios. Esa erosión y los movimientos del terreno a diversas profundidades van creando esas cavidades que se prolongan por decenas de kilómetros y dando lugar a simas, cuevas, galerías, ríos subterráneos, estalactitas y estalagmitas.

Muchas de ellas fueron utilizadas como habitáculo por el hombre neolítico, como lugar de protección frente a los agentes naturales, como lugar donde resguardarse, hacer fuego y vivir a diario. En ellas dejaron su impronta en forma de arte rupestre: representaciones de caza, animales, manos, etc. En ellas van apareciendo restos de cerámica y huesos humanos, que nos sirven para conocer cómo vivían, cazaban y se alimentaban. Algunas aparecen en resguardos, casi al aire libre, como las pinturas rupestres de Moclín. Otras en lo más profundo de las cuevas, indicando el deseo de aquellos hombres y mujeres, tal vez los chamanes o sacerdotes, de realizar sus prácticas, dibujos y ritos lejos de la vista de la comunidad. Varias son las cuevas, grutas y simas que podemos visitar y acceder en varios lugares de la Sierra Sur. Eduardo Soler, amigo castillero, me informa de las siguientes: La cueva de Encina Hermosa, en las Ventas del Carrizal, tiene una entrada grande, de fácil acceso, pero de inmediato se estrecha y para proseguir avanzando por su interior debemos ir reptando. Quizás fue utilizada en diversas épocas como lugar donde conservar alimentos, pues está por debajo del poblado primitivo. La cueva del Jabonero, situada en el cerro de la Nava, por encima del pueblo de Castillo. En realidad son dos cuevas: una galería grande de unos diez metros de diámetro y tres metros desde el suelo al techo. Hay otra más pequeña veinticinco metros más hacia el interior. Se accede por un hueco pequeño, reptando, pero se va agrandando hasta encontrarnos en una gran galería. En su interior hay una sima y nunca ha bajado más allá de los veinte metros. En ella se encontraron restos cerámicos, utensilios para cocinar alimentos, herramientas neolíticas. No se sabe que nadie haya encontrado restos humanos. No obstante, la cueva destaca por su gran belleza. La cueva del Toro, ubicada en el cerro de la Sierrezuela, hacia el Guadalcotón por encima del nacimiento del río San Juan. Su origen puede estar en las filtraciones del acuífero y la disolución de las calizas del interior de la tierra. Supuestamente esta cueva fue utilizada por el maqui Cencerro tras la guerra civil como lugar para esconderse. La entrada es grande, amplia; va torciendo en su trayectoria y se conoce el final, pues se ha alcanzado el mismo por diversas expediciones; en este punto se va estrechando hasta impedir progresar. Se puede observar en este punto, al final de la cueva, una especie de chimenea o raja vertical que nos permite ver la luz en todo lo alto de la bóveda. La profundidad puede ser tan sólo de unos diez metros. No se ha oído que nadie haya encontrado restos humanos o cerámicos. La cueva de la Moneda, se encuentra por encima del lugar del nacimiento del río San Juan, en el cerro que queda frente a la Sierrezuela o Serrezuela, en la cuesta de los Frailes. Se trata de una cueva pequeña; está cerrada, dentro de una huerta de un particular. El hortelano la utiliza para guardar allí su abono, utensilios de labranza, etc. Es de mínima longitud, unos cinco metros. Cueva del Agua se sitúa bastante próxima a la localidad de Castillo. Esta gruta reúne la belleza de la naturaleza, el silencio de milenios, formaciones calcáreas, estalactitas y estalagmitas, pasajes incógnitos, pero además atesora restos de épocas prehistóricas (utensilios y restos de cerámica, entre ellos varias vasijas en un notable estado de conservación). Tras la guerra civil fue utilizada como lugar de escondite de aquellos maquis que se escondían en las sierras y actuaban esporádicamente. En el último año está siendo objeto de la atención y estudio conjunto de un grupo espeleológico y la Universidad de Granada. En estas simas de la Camuña o Acamuña, en lo más intrincado de las profundidades fue descubierto hace meses un proyectil de la guerra civil. Debieron venir equipos de explosivos de la Guardia Civil para proceder a su a su extracción y desactivación. Me contaba mi informante castillero que en 1950 cayó en una de estas simas una persona. No fue hasta 2005 que casualmente se encontraran sus restos. Las grutas están siendo objeto de estudio por grupo de profesores del departamento de Paleolítico de la Universidad de Granada. En el mismo lugar se pudieron encontrar restos óseos humanos y piezas de cerámica. Son las cuevas conocidas como de la Chatarra, del Plato y la Murcielaguina. Todas ellas conteniendo restos del neolítico, en la zona amesetada de Acamuña, en zonas elevadas, quizás buscando una zona alta, protegida, de difícil acceso y fácil defensa. Mi amigo Eduardo me habla también de la Cueva de Las Cruces (Las Cabreras). Estas simas de Acamuña son de una gran variedad geológica, compuestas por tierras areniscas y calcitas. Se han localizado al menos cinco simas. En alguna de ellas se encontraron restos de un oso de las cavernas. Y una curiosidad: estos parajes fueron utilizados como lugar de caza en la época medieval, en el segundo tercio del siglo XIV, entre 1350 y 1380. Así se recoge en El Libro de la montería que mandó 'escrevir' el muy alto y muy poderoso Rey Don Alonso de Castilla y de León, El libro va acompañado de bellos e ilustrativos grabados (precisamente dos de ellos referidos al capítulo 28: la caza de una osa y otro de un jabalí.) He aquí el fragmento del libro donde se menciona Alcalá, Chariella, Puertollano y Castillo de Locovín: El monte de Locovin, cabo la sierra, es buen monte de oso en todo tiempo: et son las vocerías, la una por cima de la sierra fasta Puerto Llano, et la otra desde Puerto Llano fasta el camino del Carrizal. Et son las armadas la una sobre la huerta de Locovin, et la otra en el puerto de la Torre que es asomante contra Alcalá. Pero no sólo guarda los secretos callados de épocas pasadas en sus entrañas Acamuña. Todo el lugar se presta a recorridos diversos. En bici o a pie desde Alcalá podemos partir por la carretera nacional hacia Córdoba y llegar hasta Puertollano o llegar a este punto por la más tranquila vía secundaria que, saliendo por la Tejuela, nos lleva hacia Charilla. Pronto giraremos a la izquierda y dos pedaladas estaremos en Puertollano. Desde allí arranca una empinada cuesta, con 'carretera' (hoy muy levantada y en mal estado) que progresivamente nos irá conduciendo hacia la cima, allí donde están las antenas y repetidores. La ascensión es dura, pero en la misma tendremos ocasión de detenernos a contemplar todo el paisaje: campos inmensos de olivos, la Mota y Alcalá en la distancia, de telón de fondo Sierra Nevada. También podemos ascender a Acamuña desde el antiguo bar el Charco, por encima del Castillo de Locubín, lo que los castilleros conocen como 'Campana', pronto llegaremos a una zona que fue yacimiento arqueológico, cerca de una cantera y donde se encontraron unas losas laterales y una gran piedra a modo de tapa, todo parece indicar haber sido lugar de enterramiento megalítico. La Camuña o Acamuña sigue guardando secretos de la historia de nuestros antepasados prehistóricos, quizás algún día nos sorprenda revelándonos y mostrándonos nuevas grutas, restos humanos, bellas piezas de cerámica. Mientras tanto podremos disfrutar de la belleza del lugar y recorrerla por sus veredas a pie o en bici.