Ribera Baja es una de las aldeas con más encanto, que conserva su identidad

La calle principal es un largo paseo con vistas a las huertas de su vega y con casas nuevas y viejas.
/S. CAMPOS
La calle principal es un largo paseo con vistas a las huertas de su vega y con casas nuevas y viejas. / S. CAMPOS

El agua del río Velillos la hace especial y junto con las huertas ofrece un paisaje único que es apreciado por los visitantes que llegan

SANTIAGO CAMPOS ALCALÁ LA REAL

María 'la Betuna' iba cada día a comprar pan al molino de Santiago Hidalgo en la aldea de Ribera Baja, en un saco de los grandes introducía diversas piezas y las vendía en la villa de Frailes, era una cuestión de supervivencia que la posguerra agudizó y con ello sacaba algo para seguir adelante.

La aldea alcalaína de Ribera Baja es una calle con varias casas que se alinean, hay una ermita dedicada a San Jerónimo y celebran sus fiestas en los primeros días de agosto. El agua del río de Frailes le trae alimento continuo para sus huertas que brillan desde diferentes puntos, con un verde de varios tonos que a los visitantes sorprende a plena luz del día. El agua le da a esta aldea un plus de frondosidad, una frescura por todos lados y hay casas escondidas en los recodos de los caminos que invitan a la tranquilidad.

En la parte central de la calle principal había una mujer que tenía una tienda donde vendía de todo y ahora no hay ni tienda ni taberna donde tomar una cerveza, pero la aldea conserva el encanto natural de un paisaje de árboles, de huertas con hortalizas; con casas vacías, con muy pocos habitantes...en verano suelen volver algunos de sus antiguos vecinos que abren sus viviendas y pasan unos días recordando aquellos tiempos tranquilos, llenos de vivencias normales.

El antiguo molino de pan de Santiago Hidalgo fue reconvertido en una casa rural y ahora vienen a pasar unos días de vacaciones gentes de diversos lugares, allí había un palomar con palomos buchones que conquistaban a las palomas de otros lugares, las enamoraban volando por aquellas alturas y al llegar al suelo estiraban sus alas para imponer su grandeza.

Ribera Baja es un suspiro existencial, llena de huertas, donde cultivan espárragos los hijos de aquellos esforzados agricultores que arrancaban garbanzos al amanecer y por la tarde cultivaban los tomates, pimientos o calabazas junto a las aguas del río Velillos.

Hay letreros con publicidad para poner en venta casas cerradas a un precio asequible, una tentación para la gente que viene del asfalto y se enamora del vértigo del silencio que impera en este lugar. Algunos fueron seducidos por los encantos de la aldea y compraron alguna vivienda para pasar unos días en este lugar mágico, donde la luna sale e ilumina los olivos, los manzanos y los perales.

Muchos de los que por allí pasan aprecian el encanto natural de esta pequeña población que ha ido perdiendo vecinos pero el encanto sigue intacto, solo hay que dar un paseo por sus caminos junto al río y en cada esquina hay una sorpresa: una planta, una higuera; una mujer holandesa que se compró una casa y encontró allí su vivir y aprendió a recoger aceitunas, a compartir con sus vecinos y a pasear con sus perros. La aldea de Ribera Baja está escondida en la carretera que conduce desde Alcalá la Real a Frailes.

En apenas unos cinco minutos en coche se pueden recorrer los 8 kilómetros que la separan del municipio alcalaíno. Una vez allí, sorprende que casi no haya gente por su calle principal.

La aldea de Ribera Baja ofrece un paisaje natural que el tiempo no ha cambiado. Se puede dar un paseo por el barrio Alto, desde la entrada, a través de un sendero estrecho, rodeado de huertas y hortalizas, con un color verde de tonos variados.

Periodista alm eriense

El turismo ha llegado y un periodista almeriense ofrece casas rurales, con biblioteca y sala de exposiciones, es un nuevo concepto de turismo, en el que se puede hacer senderismo visitando lugares con gran belleza, incluso ver cine en pantalla grande.

Su río la recorre todos los días, San Jerónimo sigue velando por sus vecinos, las huertas y el paisaje tienen una esencia propia, ahora siguen cultivando espárragos y los veraneantes vienen a soñar y a conseguir la tranquilidad que se respira en este espacio; hay casas vacías y otras que se restauran porque la vida sigue fluyendo en cada una de sus curvas callejeras y el viento sigue acariciando los álamos en las Vegas de Paz. El hombre y el tiempo no la han cambiado, la aldea de Ribera Baja conserva su esencia como oro en paño y la luna cuando sale, tiene prisa por llegar a este pequeño lugar alcalaíno.

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