El antes de la Navidad: más nieve y villancicos

El antes de la Navidad: más nieve y villancicos
  • Tradiciones de antaño lejanas a la realidad de hoy

El paseo nocturno en estos días es distinto. Ahora, cuando caminamos por las calles tenemos una amplia gama de colores brillando en nuestras pupilas: las luces navideñas nos rodean y se convierten en las protagonistas del ambiente nocturno. Para nosotros, eso es lo habitual en estas fechas. Pero esto no siempre ha sido así. Parece obvio que no siempre ha habido ese desfile luminoso ni tanta abundancia, aunque rara vez nos preguntamos cómo se celebraba antes la Navidad.

Carmen lo recuerda bien: en su infancia sólo había una bombilla, como máximo, en algunas casas, por lo que no cabe imaginar iluminación en las calles. Ella nos habla de la Navidad hace 70 años que, si bien podemos imaginarla, hay detalles que tal vez se nos escapan.

Carmen entra en su casa, va a la cocina y, allí, sobre la encimera, tiene una enorme bandeja repleta de distintos tipos de mantecados y polvorones. También hay un amplio surtido de bombones en el centro de la mesa del salón; y es que, en estos días, hay que estar preparado para cualquier visita que pueda tener ganas de satisfacer la inabarcable gula navideña.

Claro que, Carmen sabe apreciar el valor de ese surtido que, una vez se agote, será sustituido rápidamente: una nueva colección de deliciosa repostería cubrirá la bandeja de nuevo. No era así en su infancia, cuando los Reyes Magos traían a cada niño un polvorón o un mantecado. Y esa ya era considerada una gran sorpresa; ese único dulce sabía, como cuenta Carmen, a gloria bendita.

Pero no sólo contamos con una gran variedad pastelera; toda nuestra gastronomía tiene su gran ocasión al desfilar en los banquetes navideños que se organizan en Nochebuena, Nochevieja y Año Nuevo. Carmen nos explica que antes en todos los hogares se preparaban platos que ahora se consideran básicos, aunque en aquel momento suponía toda una celebración encontrarlos sobre la mesa: Potaje de garbanzos, cazuela, bacalao frito, calabaza y batata. En cuanto a la bebida, por supuesto que era impensable pensar en la gran variedad de espumosos y destilados que encontramos actualmente en cada fiesta. Carmen solo recuerda algo de vino del terreno y aguardiente.

Por su parte, Isabel vivió su infancia en un cortijo, por lo que el acceso a ciertos productos era incluso más limitado. Ella cuenta que en las casas solía haber animales que abastecían a las familias de lo más básico: leche y algo de carne. En su casa se comía guisado de pies, oreja de cerdo, gachas, tortas y hornazos. Eso, en caso de que no hubiera que ir a la aceituna, ya que si en las fechas más señaladas hacía buen tiempo, el menú era el de cada día: pan y aceite. De hecho, ella recuerda empezar el año con ese plato tan básico.

Para Isabel, la abundancia nos hace valorar menos todo lo que tenemos. Ella era feliz con que le regalaran unos caramelos que, durante su infancia, se conocían popularmente como ‘niños meones’. Ahora, el gran reino de los juguetes y la tecnología es lo más ansiado por muchos de los jóvenes; es el entretenimiento por excelencia.

Antes, la oferta de ocio era mucho más limitada, pero tanto Carmen como Isabel recuerdan pasarlo en grande con las pequeñas cosas: cantar villancicos durante horas y jugar con la nieve. Y es que, hace 70 años las nevadas en diciembre eran muy frecuentes y abundantes lo que, para ellas, daba el ambiente navideño a las calles. Una labor que ahora podríamos identificar con la iluminación, puesto que la llegada de la nieve se ha retrasado.

¿Y qué decir de la vestimenta? Mientras ahora la gente suele preparar un conjunto especial para los días más señalados, en la infancia de Carmen e Isabel se conformaban con lo de siempre. Carmen, que tenía que ir a la Misa del Gallo, intentaba reservar algún vestido, pero Isabel, que viviendo en un cortijo no podía ir a tal evento, ni siquiera necesitaba pensar en ello. Cualquier ropa era buena para pasar la Navidad.

Además de todo lo anterior, no podemos olvidar una de los momentos más emblemáticos de la Navidad: las uvas y las campanadas. Durante sus infancias, Carmen e Isabel no tenían radio, por lo que esta costumbre no existía. Fue más adelante, en la adolescencia, cuando la familia se reunía en torno a la radio para escuchar las primeras campanadas.

Así, la nieve, el villancico, la aceituna y el mantecado eran las estrellas de la Navidad hace más de 50 años. En 2016, muchos ingredientes han cambiado: ahora destaca el banquete, la luz, la abundancia y el regalo. Las costumbres mutan a medida que pasan los años, pero para nuestras protagonistas, la Navidad siempre ha sido época de felicidad y regocijo, porque al final, hay un componente común en el antes y el ahora: la unión y reunión en torno a los seres queridos, héroe indiscutible de la Navidad.