'Cuestión de prestigio', por Rafael Hinojosa Serrano

  • Sobre los festivales de agosto

Luego dicen que soy polémico. Estaba yo tan tranquilo y afanado en dorar mi barriga playera en el mes de julio, cuando me entero de que, al presentar los Festivales de Agosto 2016, el munícipe respectivo dijo que «había que recuperar el prestigio que los Festivales habían tenido». La cita entrecomillada, entiendo, que debió ser textual. Me encogí de hombros y me tiré al agua, nadando a mariposa un largo de 200 metros.

También debió de ser noticia central en la presentación porque, cuando vengo al pueblo unos días en agosto, me encuentro con una cobertura periodística bastante amplia e insistente. Lo leo en ideal.es. «Los festivales de agosto vuelven a contar con figuras nacionales del panorama cultural» (titular, 1ª página). «Se recuperaban los festivales con más calidad y quizás pensando en darle más prestigio»(Per y circo. Santiago Campos, pág. 6). «Un derroche cultural … un rompe y rasga con los festivales de años anteriores … que marcarán un antes y un después». «Queremos recuperar esa esencia (sic) con la presencia de artistas y espectáculos de renombre y una amplia diversidad en la programación…Marcar un punto de inflexión y retomar la gran cita …» (Belén Ramírez, pág. 8).

No hace falta haber sacado sobresaliente en comprensión lectora para reconocer la carga crítica hacia los festivales anteriores, presuponiendo que en los últimos años no había habido figuras, ni diversidad en la programación, ni calidad, ni prestigio porque -de o contrario- no habría que recuperar nada.

Parece ser que había una clara intención de marcar la diferencia porque -si no- no se entenderían tantas expresiones relativas al mismo asunto. Que quedara claro que había que recuperar y retomar.

Pero resulta que este escribidor era entonces el concejal responsable del Área de Cultura del ayuntamiento alcalaíno. O sea que la crítica iba directamente dirigida a mí, ¿no les perece a ustedes o creen que soy un mal pensado? Y digo yo: ¿me debo callar o debo dar mi opinión sobre el asunto? ¿Tengo derecho a defenderme o debo dejar que se cuestionen unos festivales ‘anteriores’ así porque sí?

Nada mejor que echar mano a los datos, o sea, a la realidad. Ojeo las figuras de este año (María Galiana, Pastora Vega, Lolita, Menese, el Barrio, el musical ABBA …) y las comparo con algunas de los festivales anteriores (El Brujo, el grupo Yllana (premio nacional de teatro), Madrépora Danza, la Macanita, Mingo Balaguer, Squillante, Quinteto Cordelia, Axabeba, la Zaranda, Farándula Vintage, Pedro el Granaíno, Roko … ). Hago lo mismo con los espectáculos: (musical blues, ensemble de saxos, jazz, música antigua, teatro familiar, noche flamenca, Expopinta, teatro clásico y los conciertos ya tradicionales de la Coral y la Pep Ventura (que se conservan). A ver, dígame, señor, ¿qué calidad hay que recuperar y que figuras hay que retomar? ¿Quién otorga las credenciales de nivel de éste festival y de los de ‘legislaturas anteriores’?

Termino con la programación: teatro, música, exposiciones, danza, magia, títeres, conciertos. Exactamente igual. ¿Dónde está la mayor diversidad y originalidad? ¿En una Noche en Blanco que ya la programan hasta en cualquier caserío de Sotillo del Monte? ¿En unos bailes populares en el Paseo, confundiendo un festival con una feria? ¿A qué viene, entonces, semejante metedura de pata o tamaño ridículo?

En el año 2009, por ejemplo, se agotaron las entradas y hubo llenos absolutos en el teatro infantil, en los conciertos, en el ensemble saxos, en el teatro de humor y con el grupo Yllana. ¿Tiene más calidad el Hamlet representado por el teatro clásico de Sevilla que El Lazarillo de Tormes por El Brujo? Yo, que siempre estaba allí, pude comprobar la satisfacción y el reconocimiento del público.

Sin embargo, parece ser que en la presentación no se habló de presupuesto, ¡vaya por Dios! Pues hablemos de dinero, aunque esté mal visto. En los ‘años anteriores’ el presupuesto total de cada festival rondaba los 30.000 euros y los precios eran un tercio de los de este año. Una persona que viera todo el festival del 2008 ó 2011, por ejemplo, habría pagado de 28 a 32 euros. A quien haya asistido este año a todo el festival le habrá costado de 125 a 130. ¿Saben, por ejemplo, que sólo el contrato de El Barrio costaba 90.000 euros, el triple que cualquier presupuesto total de ‘años anteriores’? Menos mal que al final El Barrio salió por peteneras, de lo contrario hubieran tenido que pagar las arcas municipales un déficit de unos 25.000 euros.

Por supuesto que me parece legítimo que una nueva corporación quiera marcar la diferencia, cambiando aquello que considere conveniente. Pero, por favor, con argumentos válidos. Porque claro que está habiendo diferencia, no sólo por los datos apuntados sino -sobre todo- por la filosofía cultural que la sustenta. Huir de la cultura comercial, distinguir un festival cultural de una feria y abrir la ventana de lo alcalaíno al exterior eran los objetivos de los festivales de ‘legislaturas anteriores’. O sea, ofrecer un programa basado en el concepto socialista de cultura y no una muestra de escaparate por la sola ‘calidad’ de salir en la tele. Ir sembrando un nuevo gusto cultural que fuera sustituyendo a la tradicional actitud burguesa ante la cultura.Esta debería dejarse para el PP.

Así, están desapareciendo los pasos hacia una cultura formativa e integradora (el Gran Diploma de la Cultura, el programa Efemérides sobre los valores democráticos, la difusión y promoción de los artistas alcalaínos, los debates críticos, el programa de viajes Interciudades, Escolares por la cultura, etc.). Pero basta por hoy. Yo, tan polémico, no quiero provocar y me limito a defenderme de lo que considero una mentira o una falsedad, elija el lector. Confundir popularidad y renombre con calidad y estilo es un despiste que -además de expresar una pereza intelectual- sale mucho más caro.

Tengo dos citas preferidas que me gusta repetir de vez en cuando. Una de Quevedo: ‘No he de callar por más que con el dedo silencio avises o amenaces miedo’. Otra de Lope de Vega: ‘Si el sabio no aplaude, malo; pero si lo hace el necio … peor’.