Decepción en el Viernes Santo alcalaíno

Personas esperaron a la puerta de la iglesia de las Angustias durante un par de horas. /SANTIAGO CAMPOS
Personas esperaron a la puerta de la iglesia de las Angustias durante un par de horas. / SANTIAGO CAMPOS

Las procesiones no salieron a la calle y los fieles visitaron en las iglesias a las imágenes

SANTIAGO CAMPOSALCALÁ LA REAL

La decepción fue el sentimiento que más se repitió en el Viernes Santo alcalaíno; la Semana Santa que estaba siendo una de las más interesantes de los últimos años, con una buena organización y con cientos de personas acompañando a las imágenes, además, con mucha gente en la calle y una gran acogida por los vecinos y visitantes, hasta el punto que las calles estaban llenas de gente y en el Compás de Consolación, lugar de donde salen la mayor parte de las procesiones, cada día acaparaba a más personas.

En la tarde del Viernes Santo, a partir de las 19:45, le tocaba el turno de procesión a la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, pero la lluvia no dejó salir a ninguna imagen y se tuvo que suspender la procesión y su recorrido. No obstante, los fieles y vecinos se agolparon a las puertas de dicha iglesia y el interior estaba totalmente pleno, por lo que los aledaños de la calle se fueron llenando de gente que por la inercia de la Semana Santa, permanecía esperando algo que nunca sucedió. La Virgen de las Angustias estaba instalada en lo alto del altar mayor, con sus mejores galas y las bandas de música iniciaron el toque de varias marchas procesionales que culminaron con el himno de España que fue aplaudido por todos los allí presentes. Después de casi dos horas de espera, muchos de los reunidos en el interior de la iglesia de las Angustias fueron saliendo a la calle, por un pasillo de salida que se dividió en dos partes; una para salir los que estaban dentro y otra, a la derecha, para que entraran los que querían saludar a la imagen de la Virgen de las Angustias. Y las caras de los que salían del templo eran de decepción; los músicos con sus instrumentos bajo el brazo; los penitentes con sus capirotes en las manos; los que no pudieron aguantar la decepción, salieron llorando y desconsolados y se abrazaban unos a otros para darse calor y combatir la decepción.

Por la mañana, la Verónica llegó desde su ermita hasta la iglesia de Consolación.

 

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