El aceite más auténtico "está en La Hortichuela"

SILVIA CANO

Desde 1983, en la aldea alcalaína de la Hortichuela, encontramos la fábrica de aceite Florencio Aguilera, donde este producto se trata con el mayor de los esmeros. Fueron Pepita y Florencio quienes comenzaron esta aventura, logrando que el negocio no parara de crecer.

Más tarde, el hijo de ambos, también Florencio, decidió ponerse al frente de la empresa y renovar la maquinaria. Una reforma completa era necesaria, ya que la demanda de aceite era creciente y la competencia en el sector, imparable. Las cooperativas crecían con un modelo de negocio distinto, a lo cual tuvieron que hacer frente en la fábrica Florencio Aguilera.

Así nos lo cuenta María del Mar, casada con Florencio y también regente de la empresa. Ella explica que había que hacer algo que diferenciara su actividad de la de las cooperativas. De esta forma, mientras las cooperativas competían con el gran volumen de aceite que eran capaces de procesar, la fábrica podía buscar otro punto fuerte: la calidad.

Fue así como Florencio y María del Mar decidieron centrar un nuevo objetivo: el reconocimiento de que su aceite era diferente, más cuidado y con distintos matices. Y lo consiguieron a través de la certificación de su producto como aceite de producción integrada, es decir, con más control y fiabilidad. Este es el paso previo a la obtención de la certificación ecológica, por lo que nos puede dar una idea de que hablamos de un aceite muy cuidada durante todo el proceso de obtención del mismo.

De hecho, este proceso tiene una parte fundamental, que está en la recolección de la aceituna. En este caso, debe ser temprana. Ahí se encontró Florencio con una de las principales dificultades: nadie quería recoger su aceituna en octubre porque el rendimiento que deja es mucho menor. A pesar de este obstáculo, María del Mar y Florencio estaban seguros de que la idea podía ser rentable; tenían que seguir tras el objetivo de distinguirse de las enormes cooperativas.

Finalmente adquirieron sus propios olivos. Ya no había problema, puesto que podían recoger la aceituna cuando ellos quisieran. Tras algunos fracasos durante los primeros intentos de obtención de ese aceite temprano, lograron un producto realmente bueno. A ese producto lo bautizaron como Agápê, un AOVE (Aceite de Oliva Virgen Extra) afrutado, considerado el mejor de la Sierra Sur.

Los primeros años fueron difíciles, tal y como cuenta María del Mar, pero, al final, los resultados han quedado claros: la calidad se valora, tiene recompensa y permite sacar adelante el producto sin olvidar su autenticidad, aquello que lo hace único. Tanto es así, que para obtener la certificación de aceite de producción integrada es necesario pasar controles de cata y varias auditorías.

Para María del Mar es fundamental contar con conocimientos de aceite que vayan más allá de su producción como tal, por lo que ella es asidua de los cursos de cata, donde aprende más acerca del aceite, sus usos y la tendencia del producto en el mercado. Ella cuenta que, si bien es nuestra comarca no se valora excesivamente el aceite prémium, en otras zonas de Jaén y el resto de España sí que se aprecia. Así, la fábrica Florencio Aguilera tiene como foco de venta otras comunidades como Galicia, Madrid o Cataluña.

María del Mar y Florencio defienden que cada tipo de aceite tiene un uso concreto, siendo el aceite prémium el mejor indicado para tomar en crudo, para degustarlo. Está demostrado que el AOVE es un producto muy saludable, más cuidado. Y es que, a diferencia de otras grasas muy utilizadas en la industria alimentaria, un buen aceite es garantía de salud.

Esta familia no renuncia a lograr la certificación ecológica que, aunque es más complicada, se puede plantear como un objetivo para el futuro. Además, tampoco se olvidan del mercado extranjero, donde ya están empezando a buscar sus primeros clientes. María del Mar destaca también como puntos fuertes las visitas que organizan a su almazara y la aceptación de nuevos productos como el aceite de untar, que ha tenido una gran acogida. Nuevas técnicas de envasado, como el bag in box, completan la oferta de la fábrica Florencio Aguilera.

De este modo, Florencio y María del Mar han convertido el aceite en un género con un valor añadido: la autenticidad, la exclusividad. Por supuesto, ambos subrayan que toda esta labor no sería posible sin las partes esenciales, que son el cariño y el amor que ponen en su trabajo, es decir, la ilusión que hay detrás de cada producto que sale de la fábrica Florencio Aguilera.

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